Hay farmacias que se desmarcan de los meros dispensarios de medicamentos esparcidos por nuestros barrios y pueblos. Éste en concreto, situado en la localidad de Santa María del Águila, ha optado por la acertada idea de que el propio espacio fuera como un juego de niños tradicional e imperecedero; un mikado o juego de palillos chinos, con sus palos de madera clara que, lanzados al azar, dejan su rastro por todo el local.
Se demolió parte de la edificación, se volvió a construir, se desvistieron paredes y fachadas y se creó un nuevo volumen blanco, lleno de luz. En total, 600 m2 divididos en tres plantas; la planta baja, la única de uso público, tiene 220 m2 dedicados íntegramente al cliente. Los palos de madera crean el mikado y dividen los distintos espacios. La farmacia cuenta con una zona de dietética, un rincón de asesoramiento al paciente, una cabina de estética y un espacio de ensueño para los más pequeños.
El mikado y su desorden armónico ha guiado todo el interiorismo y el diseño gráfico. La iluminación fluorescente del techo, los leds de la iluminación de los mostradores, la reja-barandilla de la fachada, el logo y toda la comunicación visual recuerdan a las varillas chinas dejadas caer sin premeditación. El fresno claro de los palillos se ha usado también en parte del mobiliario, siempre en combinación con el blanco.