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miércoles, 4 de julio de 2012

La casa de Wittgenstein

" No estoy interesado en levantar un edificio, sino en [...] presentarme a mi mismo los cimientos de todos los edificios posibles."- Wittgenstein

En noviembre de 1925, la hermana de Wittgenstein Margarita Stonborough-Wittgenstein encargó al arquitecto Engelmann el diseño y la construcción de una gran casa en la Kundmanngasse de Viena. Wittgenstein mostró un gran interés en el proyecto y en los planos de Engelmann, convirtiendose finalmente en el arquitecto de la casa tras convencer a Engelmann de que él podía llevar a cabo mucho mejor las intenciones de su hermana. Describiendo la obra, la hermana mayor de Ludwig, Hermine, escribió: "A pesar de que admiraba mucho la casa, siempre tuve la certeza de que no podría ni querría vivir en ella. Parecía realmente ser más una morada para los dioses que para un pequeño mortal como yo ".
Este trabajo "cristaliza su filosofía de la arquitectura, notable por su claridad, precisión, y austeridad; y sirvió como contrapunto de su obra escrita." Bernard Leitner. The Wittgenstein House.


Wittgenstein puso especial enfasis en el diseño de puertas, ventanas, radiadores y otros detalles de  interior. El filósofo de la lógica, reforzado por una formación como ingeniero, aplicó al proyecto enfáticas opiniones sobre la arquitectura y la estética. Su determinación infatigable para conseguir una elegancia sencilla y funcional llego a desquiciar a los responsables de la obra. Como resultado de una atención fanática a su forma, los tiradores de las puertas y las cerraduras de las ventanas son extraordinariamente poco espectaculares y espartanas. La fijación de Wittgenstein en la proporción correcta llegó a su culmen cuando, una vez terminada la casa, decidió elevar ligeramente el techo de una de las habitaciones.



Algunos dicen que su persecución implacable de la claridad y la precisión resultó ser más adecuado para su edificio filosófico que para el arquitectónico, aunque yo creo que, dejando el anecdotario de la obra a un lado, éste edificio se ha convertido en un icono de la arquitectura moderna, precisamente por su exquisita proporción y elegancia, además del cuidado y austero diseño del detalle. Solo que, al igual que la obra de su coetaneo Adolf Loos, el diseño de éste genio resulto ser demasiado adelantado a su tiempo para encajar en la mentalidad y la estética de la sociedad burguesa en la Viena de principios de siglo.

sábado, 16 de junio de 2012

Acertado error

El otro día, ojeando un portal de arquitectura, cometí un pequeño error de apreciación con respecto a un proyecto en particular. La cosa es que yo me encontraba en mi habitual estado catatónico de "stand by" (boca semi-abierta, mirada estrábica y neuronas relajadas), que suelo adoptar cuando llevo un rato largo sentado al ordenador, cuando repentinamente mi atención fue espoleada por las imágenes de una vivienda francamente singular. Su soberbio aspecto tosco e inacabado, parecía responder al acertado deseo del arquitecto por integrar sutilmente su obra en la desaliñada trama urbana del barrio marginal Mexicano en el que aparentemente se encontraba. Los músculos de la cara se tensaron y los ojos focalizaron rápidamente la pantalla mientras me incorporaba para leer con total concentración el resto del articulo...ni el barrio era tan marginal, ni el proyecto tan conceptual: se trataba simplemente de una obra en construcción cuyo resultado final era desvelado en las últimas imágenes del artículo mediante unas llamativas infografías en 3D. A pesar de que el proyecto resultante no era del todo malo, no pude evitar sentirme ligeramente decepcionado (aunque no avergonzado) por mi error...definitivamente algo se había perdido en el camino.
Es por ello, por lo que insto desde aquí a los arquitectos (aquellos que aun tengan la suerte de poder ejercer su profesión), a que durante el proceso de construcción de sus proyectos, den un paso atrás y valoren con juicio crítico y abierto el desarrollo de su obra, tal y como lo haría un pintor o un escultor. Estoy seguro que este gesto tan sencillo y fundamental para cualquier artista, permitiría al arquitecto imprimir dinamismo y espontaneidad a su obra. Loos lo hacía.